Por Juan Pablo Ojeda

 

La madrugada del 21 de febrero rompió la calma de Tapalpa, pueblo mágico conocido por su vocación turística y de descanso. Helicópteros, sobrevuelos militares y detonaciones marcaron el inicio del operativo en el que fue capturado y abatido Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

El secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, calificó la acción como “realmente muy violenta”. No era para menos. El historial del CJNG incluía antecedentes de alto impacto: en 2015 el grupo derribó un helicóptero militar con lanzacohetes, y en 2020 atentó contra Omar García Harfuch en la Ciudad de México con armamento de alto poder.

Durante el enfrentamiento en Tapalpa, el Ejército aseguró un arsenal que incluía un fusil Barrett de alto calibre, municiones, granadas de mortero, lanzacohetes y vehículos. El choque dejó 25 militares fallecidos, además de cinco presuntos integrantes del cártel muertos en el lugar y otros más heridos que posteriormente perdieron la vida. Entre ellos se encontraba Oseguera Cervantes.

El operativo representa uno de los golpes más significativos contra el crimen organizado en los últimos años. De acuerdo con una editorial de The Wall Street Journal, existían dudas sobre si México contaba con la capacidad para enfrentar a un capo que se movía con convoyes blindados y escoltas con entrenamiento especializado. El diario destacó que la actual administración dio señales de mayor determinación en el combate a los cárteles.

En el plano político, la acción se enmarca en la estrategia de seguridad encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien nombró a García Harfuch como titular de Seguridad y Protección Ciudadana. La decisión ha sido interpretada como un viraje respecto a la política de “abrazos, no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

El contexto internacional también pesa. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presionado para intensificar el combate a los cárteles mexicanos, incluso catalogándolos como organizaciones terroristas. La operación en Tapalpa ocurre en ese escenario de presión bilateral y redefine el equilibrio criminal en varias regiones del país.

La caída de “El Mencho” no solo altera la estructura del CJNG; abre una nueva etapa en la estrategia de seguridad mexicana, con riesgos evidentes de reacomodos violentos, pero también con un mensaje político claro sobre la disposición del Estado a confrontar a los grupos criminales de mayor alcance.

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