Por Juan Pablo Ojeda
Los New York Giants decidieron apostar fuerte por la experiencia y el historial ganador. La franquicia neoyorquina firmó a John Harbaugh como su nuevo entrenador en jefe por las próximas cinco temporadas, un movimiento que de inmediato sacudió a la NFL. De acuerdo con reportes, Harbaugh se convertirá en uno de los coaches mejor pagados de la liga, con un salario cercano a los 20 millones de dólares por año.
La decisión no es menor para unos Giants que llevan años buscando estabilidad en la banda. Tras la salida de Tom Coughlin en 2015, el equipo ha pasado por una larga lista de entrenadores —Ben McAdoo, Pat Shurmur, Joe Judge y Brian Daboll— sin lograr un proyecto sólido. La última temporada fue especialmente complicada: Daboll fue despedido en noviembre y el coordinador ofensivo Mike Kafka cerró una campaña de apenas cuatro triunfos y 13 derrotas, el quinto peor récord entre los 32 equipos de la liga.
Harbaugh llega con un currículum que impone respeto. Durante 18 años estuvo al frente de los Baltimore Ravens, a quienes dirigió desde 2008 y con quienes conquistó el Super Bowl XLVII. Además, llevó a Baltimore a dos títulos de la Conferencia Americana, seis campeonatos divisionales y fue elegido Entrenador del Año en 2019. En temporada regular sumó 180 victorias y 113 derrotas; en playoffs, su marca fue de 13-11, para un total de 193 triunfos por 124 descalabros.
Su salida de Ravens se dio el pasado 7 de enero, luego de cerrar la temporada 2025 con marca perdedora de ocho ganados y nueve perdidos, quedándose fuera de la postemporada. Aun así, su disponibilidad lo convirtió de inmediato en uno de los entrenadores más codiciados del mercado. Equipos como Tennessee Titans, Atlanta Falcons y Miami Dolphins tenían entrevistas programadas con él, pero los Giants se movieron rápido y no lo dejaron salir sin contrato tras su visita a Nueva York.
Para una franquicia histórica como los Giants, fundada en 1925 y con cuatro Super Bowls en sus vitrinas —el último en 2011—, la apuesta es clara: recuperar identidad, disciplina y mentalidad ganadora. La misión de Harbaugh será reconstruir un equipo golpeado, devolverle competitividad y volver a ponerlo en la conversación por el trofeo Lombardi, algo que la afición no ve desde hace más de una década.