Por Juan Pablo Ojeda
El debate sobre la reforma electoral impulsada por Morena y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo empezó a mostrar tensiones dentro de la propia Cuarta Transformación. Esta vez no vino de la oposición, sino de un aliado clave: el Partido Verde Ecologista de México, que decidió marcar límites claros y advertir que su respaldo no será automático.
Desde el Verde el mensaje fue directo. Senadores y diputados coincidieron en que no acompañarán una reforma que reduzca el número de legisladores plurinominales ni que recorte el financiamiento público a los partidos. Para ellos, tocar esos puntos no fortalece la democracia, sino que puede inclinar la cancha a favor del partido que ya tiene el poder.
El senador Luis Armando Melgar alertó que disminuir la representación proporcional podría concentrar el poder en una sola fuerza política y debilitar los contrapesos, justo lo contrario de lo que se supone que debe buscar una reforma electoral. En la misma línea, Jorge Carlos Ramírez Marín señaló que reducir recursos públicos y espacios de representación golpea principalmente a los partidos minoritarios, que ya compiten en condiciones desiguales frente a quien gobierna.
La lógica del Verde es sencilla y fácil de entender: quien gana una elección ya tiene ventajas políticas, presupuestales y de visibilidad. Si además se reducen los apoyos y los espacios para las demás fuerzas, el sistema se vuelve todavía más desigual. Por eso, insisten, una reforma electoral no puede limitarse a recortes o eliminaciones sin revisar el impacto real en la competencia democrática.
Este posicionamiento dejó al descubierto diferencias dentro de la llamada Cuarta Transformación. Aunque el PVEM mantiene su alianza con Morena y el Partido del Trabajo, dejó claro que el respaldo depende del contenido final de la iniciativa. Incluso Ramírez Marín reconoció que la bancada verde aún no ha sido convocada formalmente para fijar una postura definitiva, lo que confirma que el diálogo interno sigue abierto.
A estas tensiones se suman las reservas expresadas desde el PT. Su coordinador en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval, recordó que Morena no puede sacar adelante la reforma por sí solo y cuestionó la conveniencia de cambiar las reglas electorales cuando el propio oficialismo llegó y gobierna con las normas actuales.
Para el Verde, una reforma electoral de fondo debe revisar todo el sistema, no solo recortar costos. Entre los temas que consideran indispensables están el modelo de financiamiento público, la función de los plurinominales, la garantía de una cancha pareja para todos los partidos y el funcionamiento de los Organismos Públicos Locales Electorales. La dirigente nacional del partido, Karen Castrejón, ha insistido en que cualquier cambio debe proteger la representación de minorías y la equidad en la competencia.
El trasfondo de esta discusión es político y matemático. Para modificar la Constitución se necesita mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso, algo que Morena no tiene por sí solo. Sin el respaldo pleno de sus aliados, la reforma simplemente no pasa.
Aunque el proyecto ha sido presentado como un intento por abaratar elecciones y fortalecer la democracia, las diferencias internas y la falta de consensos anticipan un camino complicado. Por ahora, el Verde deja abierta la puerta a la negociación, pero manda una señal clara: no apoyará una reforma que, a su juicio, debilite la pluralidad y refuerce las ventajas del partido mayoritario.