La competencia entre plataformas financieras digitales está generando un cambio estructural en la forma en que los mexicanos ahorran, invierten y se relacionan con su dinero. Lejos de tratarse únicamente de una disputa comercial por ofrecer tasas más atractivas, el fenómeno fintech está modificando hábitos financieros, ampliando la inclusión y elevando el nivel de exigencia de los usuarios frente al sistema financiero tradicional.
Así lo plantea Manuel Herrejón Suárez, empresario mexicano con más de veinte años de experiencia en el sector bursátil y el mercado cambiario, quien sostiene que la llamada “guerra de tasas fintech” ha tenido un impacto directo en la ciudadanía. “Cuando el mercado compite de verdad, el beneficio no se queda en las instituciones; se traslada al usuario en forma de mejores rendimientos, mayor claridad y más opciones para tomar decisiones financieras”, afirma.
Durante años, el ahorro en México estuvo marcado por rendimientos bajos y una relación pasiva con el dinero. Para amplios sectores de la población, mantener recursos en cuentas tradicionales significaba aceptar pérdidas frente a la inflación y procesos poco transparentes. “El ahorro cumplía una función de resguardo, no de crecimiento. Hoy eso está cambiando”, explica Herrejón.
Datos oficiales respaldan esta transformación. En 2024, el 76.5% de la población adulta contaba ya con al menos un producto financiero formal, el nivel más alto registrado, mientras que el uso de canales digitales para operaciones financieras se acercó a siete de cada diez usuarios. Este avance, impulsado en buena medida por plataformas digitales, ha reducido barreras de entrada y acercado productos financieros a sectores históricamente excluidos.
Para Manuel Herrejón, el valor de este cambio no radica únicamente en las tasas ofrecidas. “Lo más relevante es que millones de personas están aprendiendo, en la práctica, cómo funcionan conceptos como liquidez, rendimiento real o diversificación. No es educación financiera teórica; es aprendizaje cotidiano”, señala. Herramientas como simuladores, metas de ahorro y notificaciones han convertido al usuario promedio en un actor activo de sus finanzas personales.
El impacto es particularmente visible entre jóvenes y personas no bancarizadas, para quienes una aplicación representa el primer contacto con el sistema financiero formal. “Una app con requisitos mínimos puede ser la puerta de entrada a una planeación financiera más sólida, a la formalización y a una mejor administración del ingreso”, apunta.
Este entorno también ha generado efectos positivos desde la perspectiva del mercado. La aparición de nuevos productos y vehículos de inversión con menores barreras fomenta mayor profundidad financiera y obliga a elevar estándares de transparencia y eficiencia. “La competencia presiona a todo el sistema a mejorar, no solo a quienes participan en el ecosistema fintech”, sostiene Herrejón.
Aunque reconoce que las guerras de tasas no son permanentes y que los ciclos monetarios eventualmente ajustarán rendimientos, el especialista considera que el cambio ya es irreversible. “El usuario mexicano ya entendió que puede exigir más. Eso no va a desaparecer”, afirma.
En ese sentido, el fortalecimiento del ahorro y la inversión a nivel individual tiene implicaciones macroeconómicas. Una ciudadanía financieramente más activa es más resiliente frente a choques económicos y capaz de planear a largo plazo. “Cuando el ahorro deja de ser castigo y se convierte en incentivo, no solo gana el individuo: gana la economía entera”, concluye.