Por Juan Pablo Ojeda

 

El primer intento de reunir al colectivo conocido como “therians” en la Ciudad de México terminó en un rotundo fracaso, aunque había generado gran expectativa en redes sociales. La cita era este viernes en la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), donde los organizadores esperaban ver a personas que se identifican y actúan como animales no humanos compartir un espacio de convivencia. Sin embargo, nadie del colectivo asistió, y los únicos presentes fueron los organizadores, decenas de medios de comunicación y cientos de curiosos que buscaban observar de cerca este fenómeno.

El movimiento ‘therian’ no es nuevo: surgió en la década de los 90 en Estados Unidos, pero en México ha empezado a ganar visibilidad gracias a plataformas como TikTok, Instagram y YouTube, donde principalmente adolescentes y jóvenes comparten videos con disfraces, máscaras y movimientos inspirados en sus animales de referencia. La idea detrás de este colectivo es más que una estética: se trata de una conexión psicológica o espiritual con un animal, que algunos describen como una forma de identidad personal que desafía las categorías tradicionales de la sociedad.

El evento en CDMX buscaba crear un espacio de “libre convivencia” para los integrantes del colectivo, explicó Levi Gallardo, uno de los organizadores. Su intención era ofrecer un lugar seguro donde los ‘therians’ pudieran interactuar, compartir experiencias y “humanizar a quienes no quieren ser humanizados”, desafiando la percepción negativa que muchas personas tienen sobre este tipo de identidad. Sin embargo, Gallardo lamentó que la viralidad de la convocatoria haya provocado el efecto contrario: los participantes se sintieron cohibidos ante la atención mediática y la cantidad de curiosos. “La mayoría nos dijo: ‘sí soy therian, pero no vengo caracterizado, quiero hacer las actividades, pero hay mucha gente’”, comentó.

La decepción se percibió tanto entre los organizadores como entre los curiosos. Algunos asistentes, como Diego, un antiguo estudiante de Química, calificaron el movimiento como “horror” y expresaron su desaprobación, esperando que otros no lo tomaran demasiado en serio. A pesar de las críticas, la curiosidad del público y el seguimiento mediático reflejan que los ‘therians’ han captado la atención de la sociedad, aunque aún generen incomodidad o desconcierto.

Más allá del fracaso del evento, el movimiento plantea preguntas sobre identidad, aceptación y diversidad. Mientras algunos lo perciben como una extravagancia, otros consideran que formas de identificación no convencionales, como la therian, son una manera legítima de explorar la identidad personal y la relación con el mundo animal. El fenómeno se encuentra en una etapa incipiente en México, y aunque las cifras de participantes activos son bajas, el interés en plataformas digitales sigue creciendo, lo que sugiere que podría haber futuros intentos de encuentros más exitosos y discretos.

El caso del evento en la UNAM evidencia también la tensión entre la privacidad y la exposición pública en un colectivo minoritario. La viralidad en redes sociales, que podría ser una herramienta de visibilidad y cohesión, terminó siendo un factor de inhibición, mostrando que la aceptación social aún está lejos de alcanzar un punto cómodo para los ‘therians’ en la vida real.

A pesar del fracaso en la Ciudad de México, el movimiento sigue ganando notoriedad en línea, y sus miembros continúan utilizando internet para compartir experiencias, educar sobre su identidad y buscar espacios seguros de interacción. La curiosidad, la polémica y la incomprensión acompañarán a los ‘therians’ mientras este colectivo intenta consolidarse y generar un diálogo más amplio sobre identidad, diversidad y respeto a las expresiones no convencionales de la experiencia humana.

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