Carlos Moreno Lara

 

La Ciudad de México ya se puso los tacos de salida rumbo al Mundial 2026 y Clara Brugada lo dejó claro: la capital no sólo quiere ser una gran sede, quiere ser un ejemplo mundial. Bajo la idea de un evento “humanista, incluyente y sin discriminación”, la jefa de Gobierno presentó el paquete de obras, acciones y programas que acompañarán la llegada del torneo, con la promesa de que todo lo que se construya o renueve será permanente.

Brugada arrancó recordando un dato que pesa y presume: la CDMX será la única ciudad del planeta en inaugurar cuatro mundiales —1970, 1986, 1971 femenil y ahora 2026—, razón suficiente para adoptar el lema “La pelota vuelve a casa”. Pero más allá del simbolismo futbolero, la mandataria aprovechó para marcar el tono político y social que quiere para la capital durante el torneo: una ciudad sin homofobia, sin racismo, sin clasismo, sin xenofobia ni machismo. Un Mundial que se viva en cada colonia, no solo en las zonas turísticas.

Las obras anunciadas apuntan a dejar huella. Habrá regeneración de barrios y pueblos cercanos al estadio; recuperación del pozo del Azteca para devolverlo al sistema de agua de la ciudad; nuevas rutas de electromovilidad como el trolebús Chapultepec–Universidad y la modernización del Tren Ligero; y una intervención profunda en calzada de Tlalpan, que sumará ciclovía, un parque elevado y un puente renovado. A esto se suma un refuerzo masivo en iluminación —185 mil luminarias y 334 km de caminos seguros—, así como 50 km de iluminación artística en el Centro Histórico.

En seguridad, Brugada aseguró que será “el mundial más seguro”, con 30 mil nuevas cámaras y 3,500 patrullas desplegadas. Y en la parte social, la ciudad se prepara con la remodelación o creación de 500 canchas de futbol, la transformación de más de 600 mil metros cuadrados de espacio público y la construcción de 10 mil viviendas sociales. Todo acompañado de una red amplia de bienestar para que el impacto del torneo llegue a quienes más lo necesitan.

La capital también quiere ser una fiesta. Habrá 30 festivales futboleros gratuitos, un Zócalo convertido en estadio urbano con pantallas gigantes, actividades infantiles, conciertos y cine, además de dos intentos de récord Guinness: la clase de futbol más grande del mundo el 22 de febrero y “la ola chilanga más grande” el 31 de mayo.

Brugada cerró con un gesto simbólico al presentar a la mascota del Mundial en la ciudad, que entregó un cartel elaborado por personas privadas de la libertad —un recordatorio de que también buscan incluir a quienes suelen quedar fuera de la conversación pública—. Y lanzó una invitación a los gobernadores de los otros estados sede para cerrar filas rumbo al torneo.

“La pelota vuelve a casa”, repitió. Y según su plan, lo hará dejando un legado que dure más que los 90 minutos de cada partido.

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