Por Juan Pablo Ojeda
El senador de Morena, Gerardo Fernández Noroña, volvió a encender el panorama político al acusar a la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, de usar el asesinato de su esposo, el exalcalde Carlos Manzo, para impulsar una aspiración política rumbo a la gubernatura de Michoacán. Todo luego de que Quiroz pidiera investigar a los morenistas Raúl Morón y Leonel Godoy por posibles vínculos con grupos criminales relacionados con el homicidio de Manzo.
Noroña calificó estas declaraciones como “políticas” y “sin sustento”, asegurando que si la alcaldesa tiene pruebas debe presentarlas ante la Fiscalía. Desde su podcast, sostuvo que la “ambición” de Quiroz la perfila electoralmente y que la oposición —PRI, PAN y otros partidos— la respaldará porque busca “figuras fascistas” con arrastre popular para apuntalar su narrativa.
La tensión entre el senador y la oposición viene arrastrándose desde el asesinato de Carlos Manzo ocurrido durante el Festival de Velas en Uruapan. Tras el crimen, Noroña lamentó públicamente la muerte del exalcalde, recordando que fue diputado federal por Morena y que compartieron legislatura en dos periodos. Criticó que la oposición intentara apropiarse de la figura de Manzo para fines mediáticos y políticos.
El conflicto escaló aún más cuando, el 12 de noviembre, Fernández Noroña envió una carta al presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Adán Augusto López Hernández, para solicitar la exclusión temporal del PAN de la Mesa Directiva y de la propia Jucopo. La acusación: un comportamiento sistemático de faltas de respeto, provocaciones y presuntas campañas de difamación donde —según el morenista— se ha señalado sin pruebas a todo su bloque de tener vínculos con el crimen organizado.
En su misiva, denunció incluso tácticas de boicot como uso de megáfonos, interrupciones deliberadas de sesiones y descalificaciones públicas hacia funcionarios federales, prácticas que han tensado el trabajo parlamentario en los últimos periodos.
Mientras tanto, en Michoacán el ambiente político sigue cargado. El asesinato de Manzo no solo generó duelo, sino que abrió una disputa por narrativas, responsabilidades y capital político. Entre acusaciones cruzadas, demandas de investigación y llamados a la Fiscalía, el caso continúa siendo un punto de presión para Morena y un escaparate para la oposición rumbo a los siguientes procesos electorales.