Por Juan Pablo Ojeda

 

En México, la obesidad dejó de ser una excepción para convertirse en regla. Así lo advirtió la doctora Carmen Celeste durante un acto en el Museo de Memoria y Tolerancia, en el marco del Día Mundial de la Obesidad. El dato es contundente: más del 76 por ciento de los adultos y más del 35 por ciento de niños y adolescentes viven con sobrepeso u obesidad en el país.

Lo más preocupante, explicó, es que la enfermedad se ha “normalizado”. Es decir, nos acostumbramos a verla como algo cotidiano, casi inevitable, y dejamos de dimensionar su impacto real. Pero no se trata de un tema estético ni de falta de voluntad. Es una enfermedad compleja, influida por factores genéticos, fisiológicos, sociales y ambientales.

En palabras simples: no es solo comer de más. La obesidad está vinculada con cerca de 200 padecimientos, entre ellos diabetes, enfermedades cardiovasculares y distintos tipos de cáncer, que están entre las principales causas de muerte en México. Por eso los especialistas insisten en que estamos frente a un problema de salud pública de gran escala.

El doctor Héctor Esquivias llamó a cambiar la narrativa que rodea la obesidad. Señaló que el estigma y la vergüenza asociados al peso no solo son injustos, sino que también agravan la situación. Cuando a una persona se le etiqueta como alguien “sin fuerza de voluntad” o “descuidada”, se le impone una carga emocional adicional que puede derivar en ansiedad, depresión y mayor estrés.

Este enfoque moralista, dijeron los especialistas, impide ver la dimensión estructural del problema. Factores como el acceso limitado a alimentos saludables, jornadas laborales extensas, sedentarismo urbano y desigualdad económica influyen directamente en la salud de la población. No es un asunto individual aislado, sino una combinación de condiciones sociales y biológicas.

La Organización Mundial de la Salud define la obesidad como una enfermedad crónica, progresiva y tratable, caracterizada por una acumulación excesiva de grasa que perjudica la salud. Es decir, sí tiene tratamiento y sí puede prevenirse, pero requiere políticas públicas integrales y un cambio cultural profundo.

En México, donde el sistema de salud ya enfrenta presiones por enfermedades crónicas, ignorar el problema puede tener consecuencias económicas y sociales de largo plazo. La discusión no es solo médica, también es de políticas públicas: cómo se regula la industria alimentaria, cómo se promueve la actividad física, cómo se educa en nutrición y cómo se combate la discriminación.

El llamado de los especialistas es claro: dejar de ver la obesidad como un defecto personal y asumirla como lo que es, una enfermedad que necesita atención seria, sin estigmas y con soluciones de fondo.

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