Por Bruno Cortés
La presidenta presentará mañana los ejes de la reforma electoral, otorgando un margen de reflexión a los aliados antes del registro formal el lunes.
A la salida de Palacio Nacional, con el trajín propio de quien acaba de soltar una exclusiva entre los pasillos del poder, Ricardo Monreal confirmó que la esperada propuesta de reforma electoral ya está en el dintel de la puerta. Tras una reunión que calificó de «amable», el coordinador parlamentario dejó claro que la jefa del Ejecutivo federal dará el primer paso este miércoles, revelando el esqueleto de una iniciativa que ha mantenido a más de uno en ascuas.
El legislador zacatecano, curtido en las lides de la negociación política, detalló que la mandataria presentará la propuesta como propia, retomando los puntos más relevantes que ha cocinado la comisión presidencial encargada de la materia. No se trata de un madruguete, sino de un proceso con tiempos marcados: mañana se lanzan las líneas generales y se abre un compás de espera de cuatro días para que las fuerzas políticas aliadas terminen de digerir el banquete legislativo.
Resulta que el fin de semana será clave para el «lápiz fino», pues la redacción definitiva de la iniciativa se concluirá en esos días de asueto oficial. La estrategia busca dar espacio a una reflexión mayor, especialmente para aquellos que todavía andan con el tiento de la duda. Según Monreal, el objetivo es que el documento final llegue a la cámara correspondiente —aún por definir— el próximo lunes, ya con los puntos sobre las íes.
Sobre el contenido, el morenista adelantó que la propuesta contempla los 10 o 12 puntos fundamentales en los que la comisión ha estado trabajando a marchas forzadas. Aunque el ambiente en el Centro Histórico se sentía de consenso, Monreal no ocultó que todavía existen algunas «indefiniciones» que mantienen a los socios de la coalición rascándose la cabeza en ciertos apartados específicos del texto.
Al ser cuestionado sobre la postura del Partido Verde y el Partido del Trabajo, el líder de la bancada guinda soltó que «ahí van», reconociendo que, si bien hay coincidencias en lo general, el diablo está en los detalles. Es precisamente por esas dudas razonables que se ha otorgado este plazo de gracia de casi una semana, buscando que los aliados se suban al barco sin que el oleaje de la incertidumbre les cause mareo antes de tiempo.
La disciplina partidista, sin embargo, no está a debate para el grupo mayoritario. Monreal fue tajante al señalar que Morena, como bloque parlamentario, cerrará filas para apoyar la propuesta que emane de la Presidenta. «No puedo adivinar», respondió con su característico estilo ante la duda de si los aliados darán el sí definitivo, pero dejó claro que la locomotora guinda ya tiene el carbón listo para avanzar.
La logística del anuncio será a través de la «mañanera», ese púlpito desde donde se marcan los ritmos del país. Mañana mismo, la ciudadanía y la clase política conocerán de viva voz los puntos que ya han sido planteados y que, a decir de Monreal, representan la visión del Ejecutivo para transformar el sistema democrático nacional. Es, por decir lo menos, el banderazo de salida para una de las batallas legislativas más esperadas del año.
Para el ciudadano de a pie, esta noticia significa que el tablero electoral entrará en una fase de reacomodo profundo. El lunes será el día de la verdad, cuando el documento ingrese formalmente al Congreso y comience el desfile de argumentos en las comisiones. Por ahora, el fin de semana servirá para que los operadores políticos saquen el ábaco y revisen cada coma antes de que el proceso sea irreversible.
Mientras tanto, en las inmediaciones de la Plaza de la Constitución, el mensaje quedó claro: la reforma va porque va, pero con la cortesía política de dejar que los aliados le echen una última leída. Habrá que estar atentos a la conferencia matutina de mañana, pues ahí se soltarán las prendas de lo que promete ser la nota que domine la agenda pública durante los próximos meses.