La Tarjeta Virtual de Movilidad Integrada fue anunciada en diciembre de 2025 por el Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por la jefa de Gobierno, Clara Brugada. El proyecto forma parte de una estrategia más amplia de modernización de servicios públicos y se vincula con los preparativos de la capital rumbo al Mundial de Futbol 2026.

Desde su lanzamiento, la TMI permite pagar el acceso a sistemas como el Metro, Metrobús, Cablebús, Trolebús y Tren Ligero. En enero de 2026 se incorporó la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) y, a partir de febrero, el sistema quedó habilitado en toda la red del Metro de la Ciudad de México, uno de los medios de transporte más utilizados del país.

El funcionamiento se apoya en la App CDMX, desde donde los usuarios pueden activar la tarjeta virtual, consultar saldo en tiempo real y recargar mediante CoDi o tarjetas de crédito y débito. De acuerdo con autoridades capitalinas, el objetivo es reducir tiempos de acceso, evitar filas para recargas físicas y facilitar el uso cotidiano del transporte público en una metrópoli con millones de viajes diarios.

No obstante, la medida presenta limitaciones claras. Por ahora, la tarjeta virtual solo está disponible para dispositivos Android y Huawei, dejando fuera a usuarios de iOS. Aunque el gobierno local ha informado que se trabaja en su futura integración, esta exclusión temporal plantea cuestionamientos sobre equidad tecnológica y el acceso real a los beneficios de la digitalización.

Las autoridades han subrayado que la Tarjeta de Movilidad Integrada física seguirá vigente, lo que permite mantener una alternativa para quienes no cuentan con teléfonos compatibles o prefieren el formato tradicional. Sin embargo, especialistas en movilidad advierten que la coexistencia de ambos esquemas debe acompañarse de campañas de información claras para evitar confusión entre los usuarios.

En el discurso oficial, la Tarjeta Virtual de Movilidad Integrada se presenta como un avance hacia una ciudad más eficiente y conectada. En la práctica, su éxito dependerá de la estabilidad tecnológica del sistema, la ampliación de compatibilidad a más dispositivos y la capacidad del gobierno capitalino para garantizar que la modernización no profundice desigualdades en el acceso al transporte público.

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