Por Juan Pablo Ojeda

 

La presidenta Claudia Sheinbaum reafirmó este lunes, desde la Mañanera, que México mantendrá su apoyo humanitario a Cuba pese a las sanciones impuestas por Estados Unidos a los países que suministren petróleo a la isla. La mandataria subrayó que la solidaridad con el pueblo cubano es un principio histórico de la política exterior mexicana y que la ayuda no debe estar condicionada por afinidades ideológicas, sino por razones humanitarias.

Sheinbaum sostuvo que su gobierno realiza gestiones diplomáticas para retomar el envío de petróleo y evitar, en sus palabras, “ahorcar a un pueblo” que enfrenta una crisis energética y social profunda. En ese contexto, la Secretaría de Relaciones Exteriores informó que México envió más de 800 toneladas de ayuda humanitaria a Cuba a bordo de dos buques de la Armada, el Papaloapan y el Isla Holbox, que zarparon del puerto de Veracruz con alimentos básicos y artículos de higiene, además de leche en polvo.

La ayuda mexicana llega en uno de los momentos más críticos para la isla. Tras la orden ejecutiva firmada por el presidente estadounidense Donald Trump el pasado 29 de enero, que endureció sanciones y aranceles contra países que suministren petróleo a Cuba, la nación caribeña enfrenta apagones prolongados, colapso del transporte público, suspensión de cirugías en hospitales y una escasez severa de medicamentos y alimentos. El sector turístico, uno de los principales motores económicos del país, también resiente el impacto con cierres inesperados de hoteles y reubicación de visitantes.

Desde una óptica humanitaria, el respaldo de México es consistente con una tradición diplomática de solidaridad internacional. Sin embargo, el debate interno es inevitable: en un país donde persisten problemas estructurales de pobreza, desabasto de medicamentos, crisis de seguridad y presiones financieras en el sector energético, la prioridad del gobierno debería ser garantizar que los recursos públicos atiendan primero las necesidades nacionales.

Ayudar a Cuba no tendría por qué ser incompatible con atender a México, pero sí exige claridad y equilibrio. La política exterior solidaria gana legitimidad cuando se acompaña de resultados tangibles en casa. De lo contrario, el riesgo es que el apoyo internacional sea percibido como un gesto simbólico que contrasta con carencias cotidianas que millones de mexicanos siguen enfrentando.

El reto para el gobierno de Sheinbaum no está en abandonar la cooperación con Cuba, sino en demostrar que México tiene la capacidad financiera, logística y política para sostener la solidaridad externa sin descuidar sus propias urgencias. Primero México, y desde esa fortaleza, la ayuda a otros pueblos.

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