Por Juan Pablo Ojeda
La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a escalar y ya llegó a la mesa más delicada de la Casa Blanca: la de las decisiones militares. De acuerdo con información difundida por el Washington Post, el Consejo de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump se reunió para preparar un abanico de opciones que podrían ir desde sanciones más duras hasta acciones militares directas contra el régimen iraní.
En el equipo que analiza estos escenarios participan figuras clave del gobierno estadounidense, como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. Sobre la mesa no solo hay planes militares, sino también alternativas como nuevos castigos económicos, ciberataques o un respaldo más explícito a las protestas ciudadanas que se han extendido por diversas ciudades de Irán.
Este giro ocurre después de que Trump ordenara cancelar todos los contactos diplomáticos con funcionarios de Teherán. Incluso el enviado especial para Medio Oriente suspendió las conversaciones que mantenía con el canciller iraní, una señal clara de que el canal político quedó, por ahora, cerrado. En paralelo, el propio Trump ha lanzado mensajes en los que sugiere apoyo a las movilizaciones civiles y advierte que la represión violenta contra manifestantes desarmados no quedará sin respuesta.
El trasfondo del debate es complejo. Dentro de la Administración Trump no hay consenso sobre si un ataque militar es la mejor opción. Algunas fuentes señalan que un golpe directo contra instalaciones militares o de gobierno en Irán implicaría riesgos elevados, como errores de inteligencia o una escalada regional difícil de controlar, especialmente tras antecedentes recientes de bombardeos que no lograron los resultados esperados.
Además, persisten dudas políticas de fondo. Sectores cercanos al presidente consideran que una nueva intervención en Medio Oriente chocaría con la narrativa de “America First”, que prometía evitar conflictos lejanos y concentrarse en los intereses internos de Estados Unidos. Intervenir en Irán podría desestabilizar aún más la región y arrastrar a Washington a un escenario prolongado e impredecible.
Para México y el resto del mundo, estas decisiones no son ajenas. Una escalada militar en Medio Oriente suele impactar en los mercados energéticos, la economía global y la estabilidad internacional. Por ahora, Trump mantiene todas las cartas sobre la mesa, mientras su gobierno debate hasta dónde está dispuesto a llegar frente a un régimen que enfrenta protestas internas y una presión externa cada vez mayor.