Por Juan Pablo Ojeda

 

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo salió a defender la vigencia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, con un argumento sencillo: mantener la relación comercial actual le conviene al propio gobierno estadounidense en un contexto de competencia económica global, especialmente frente a potencias como China.

La postura de la mandataria se dio luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara que su país “no necesita” el T-MEC y calificara al acuerdo como irrelevante. Ante estos señalamientos, Sheinbaum dijo estar convencida de que la relación comercial entre ambos países continuará, porque las economías de los tres socios están profundamente integradas y romper esos lazos tendría costos reales para todos.

Para explicar esta integración, la presidenta puso como ejemplo la industria automotriz, donde piezas, plantas y procesos productivos cruzan las fronteras de manera constante. En términos prácticos, lo que se fabrica en México suele tener componentes estadounidenses y canadienses, y viceversa, lo que hace que el comercio funcione como una sola gran cadena productiva.

Sheinbaum también subrayó que quienes más defienden el T-MEC no son solo los gobiernos, sino los propios empresarios estadounidenses. Recordó que recientemente una empresa de Estados Unidos compró una compañía de transformadores en México por una cantidad considerable, lo que interpretó como una señal clara de confianza en el país y en la estabilidad del marco comercial.

Desde Palacio Nacional, la presidenta insistió en que la interdependencia económica es una realidad que no se puede ignorar. Estados Unidos tiene numerosas plantas de producción en México, no solo en el sector automotriz, sino en múltiples industrias, lo que vuelve al tratado una herramienta clave para mantener la competitividad regional.

El mensaje de fondo es que, más allá de las declaraciones políticas, el T-MEC responde a intereses económicos concretos. Para el gobierno mexicano, el tratado sigue siendo una pieza central de la relación con Estados Unidos y Canadá, y su continuidad se apoya en una integración productiva que beneficia a empresas, trabajadores y consumidores de los tres países.

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